El corzo al que le gustaba Mahler
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El corzo al que le gustaba Mahler
Ya había terminado el final del invierno y su corona de perlas, rosetas y luchaderas se aproximaba cada día más al pueblo.
Así empezaba el cuento, acercándolo a la aldea para iniciarlo a aquellos desconocidos ruidos primaveriles.
Cada día una huella más y una más y una más.
En la tibia esmerada pradera un hombre rascaba, cortaba y rogaba al cielo con su varita de madera, dibujando gorgas en el aire, mientras los otros, frente a él, tocaban artilugios celestiales que le quemaban el corazón.
—Tanto me gustó esa música que ni oí el disparo antes de despertarme, vibrando bajo los repetidos golpes del músico del bombo, tocando a ritmo para la Banda Municipal de Kaliště.
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