Hola, ¿qué tal?
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Hola, ¿qué tal?
—Hola guapa ¿qué tal? ¿Cómo te va? ¿Te encuentras bien?
—Por favor... no me lo preguntes. Me duele por aquí, por allá y no puedo respirar, parece ser asma, quizá el aire. Ni puedo deambular, todo da vueltas alrededor y además sigo sufriendo con dolor de cabeza. ¿Tú no sientes dolor de cabeza?
—¡Vaya! no seas tan trágica, es verdad que tienes cierta edad, pero yo también, y no me voy lamentando todo el día buscando a alguien para lastimarlo.
—No es mía la culpa si me asaltan estos dolores tormentosos, punzando e hiriendo sin detenerse, parece que migran bajo piel en cualquier parte y últimamente de mala cara ponen raíces, así que me quitan la vida.
—No te lo pienses y se van. Las enfermedades son fantasías, yo he atesorado un montón de años y todavía puedo lucir una cara limpia y clara, vale, algunas arrugas, pero me voy toda la noche en busca de amor y modestamente no me faltan pretendientes.
—¿Pero eres tonta...? ¡Con todas esas dolencias de qué me estás hablando! ¿No tienes un poco de sensibilidad?
—Bueno, lo lamento, pero no sé qué decirte. Me gustaría hacer algo, cuídate, mira de no tener microbios ajenos que te causen estas enfermedades, y nada más —le contestó la Luna un poco resentida a la Tierra.
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