La montaña
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La montaña
No soy membrillo. ¡Es que tengo una cita con mi trabajo!
En un cerrar de ojos franqueé la puerta saltando adelante y rebotando atrás, volcándome pronto otra vez al exterior, listo y en línea para comer dinámicamente el sendero de grava panza abajo. Entre la casa y la reja del jardín se paraba la montaña, intentando separarme del laberinto de callejuelas todavía dormidas de la ciudad.
—¡No tengo tiempo, déjame pasar!
Obedeciendo se desvaneció.
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