Villaflor
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Villaflor
Tengo una chimenea en mi casa y con la estación invernal siempre está encendida, fue por eso que trabé amistad con Álgido Lejano.
Al llegar la noche se presentaba bajando por la chimenea; claro que las primeras veces me parecía bastante extraño, además se quejaba por el frío y allí, suave y templado le gustaba más. Ahora ya estoy acostumbrado, a él le encanta escuchar mis sonsonetes cuando toco el piano y a mí sus cuentos inexplicables.
... Álgido es un vendaval.
«Allá estaba la florida aldea donde la gente vivía el doble. Acunada entre las montañas, a veces sí, a veces no. En aquel vecindario los chicos de 6 años tenían 3 años y los hombres de 30 lucían 15. No me parece necesario aclarar que los de 120 años se desplazaban tranquilos en bicicleta silbando, naturalmente cuando se podían ver.
En Villaflor todos eran felices y no solo porque se alcanzaba normalmente la venerable edad de 200 años (perros, gatos y ratón2 incluidos), sino porque la vida era agradable, permeada de afabilidad y alegría y nadie tenía el entrecejo enfurruñado.
Todos tenían nombres propios de flores; el abuelito más viejo de Villaflor lo llevaba orgullosamente cosido en su sudadera: ‘Espuela De Caballero’, y su mujer ‘Velo De Novia’ el domingo no lo soltaba del brazo hasta alcanzar la iglesia para tomar los sacramentos impartidos por ‘Campana De Irlanda’, el joven novato que había sustituido al viejo cura ‘Boca De Dragón’. Y así, el policía ‘Vara De Oro’ atrapando a ‘Cresta De Gallo’, el chiquillo más guapo y punk de la comunidad que siempre robaba caramelos para halagar a ‘Ave Del Paraíso’ que cada semana cumplía los años. Y después ‘Aster Montecasino’, ‘Ramillete De Rosa’, ‘Flor De Cera’ siempre limpiando y limpiando, ‘Alegría Del Hogar’, ‘Nomeolvides’ en lágrimas por la eternidad, ‘Junquillo Oloroso’, ‘Lunaria’, ‘Rosa Canina’, y todas las flores de aquel precioso pueblecito evocador de fragancias.
En este momento no se puede ver nada, han sobrevenido las primeras rachas de viento así que las flores desvanecen hasta la primavera y también Villaflor desaparece.
Entre las montañas vuelve el silencio, quedan solamente unas notas de piano de cola apagándose, rozando los valles cautelosamente para sobrevivir unos instantes».

2 En Villaflor hay un único huésped roedor que agradece la falta de competencia desleal.
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